Muchas veces pasamos la vida esperando el momento perfecto o la oportunidad de que las cosas pasen tal y como queremos que pase. Siempre esperamos para reaccionar y no para accionar, es decir, nos adaptamos a las situaciones, a lo que ocurra en nuestras vidas, buscamos culpables o nos victimizamos, pero debemos preguntarnos, ¿podemos hacer que las cosas ocurran?

Hacer que las cosas ocurran no es imposible, tampoco es algo que no está en nuestras manos, todo lo contrario. Al accionar estamos poniendo en marcha una serie de pequeños planes que servirán de estímulo para que aquello que queremos se materialice; la gente llama a esto suerte o azar, pero prefiero creer que la suerte no existe, o en el mejor de los casos, se da cuando la preparación y la oportunidad se encuentran, y la sumatoria de ambas da como resultado el éxito que buscamos.

Pensar diferente es un proceso que comienza desde el momento en que tomamos conciencia de nuestra realidad y en nuestro interior nace el deseo para cambiar esa realidad, ese es el estímulo que necesitamos para accionar, lastimosamente, la mayoría de las personas se quedan en esta etapa.

Al accionar, no se debe dejar nada librado al azar, se debe planificar y estructurar un plan que permita minimizar el riesgo de fracaso y maximizar la posibilidad de éxito. Este plan es la hoja de ruta a recorrer para llegar al objetivo que nos fijamos.

Como se pudo ver, el cambio de pensamiento es el que desencadena el proceso de cambio exterior. El cambio interior (forma de pensar, sentimientos de éxito, prosperidad y abundancia, entre otros) tiene una respuesta exterior (oportunidades, cambios positivos en el entorno, nuevas perspectivas, entre otras). Es por ello que hoy es tu tiempo, es momento de cambiar tu forma de pensar, nunca es tarde para comenzar, lo importante es animarse e ir más allá, más allá de lo que imaginamos, cumpliendo cada vez más y más objetivos, cada uno más desafiante que el anterior. Comienza hoy y disfruta de un mañana hecho a la medida de tus pensamientos.

 

Imagen original de Gerd Altmann